lunes, septiembre 11, 2006

Rabia



Rabia al abrir los ojos

¡Buenos días! -¡ Sua ! - Los ojos instantáneamente se abren y se escuchan los sonidos.
Sonidos irritantes…
Despierta. La magia de aquel sueño pornográfico que acaba en ese inoportuno abrir. Y ya han pasado cinco minutos, y vuelve a sonar la campana infernal del viejo reloj.

Pensativo. El cuento termina y comienza el otro, ganas de vivir luego de pasar los 30. La historia de todos los días: chóferes, guardaespaldas, aduladores, hipócritas y los de otra especie: los poetas, músicos, académicos, estudiantes, obreros, proletariado. Todos tenemos la necesidad de continuar sin descanso, la fortuita vida.

Te limpias las lagañas de tus ojos ya despiertos, te lavas la boca con ácido mentolado y sigues observando la cruel que muchos llevan –una carrera- devorando todo a su paso sin mirar. No puedo quitarme ese sucio. Todos somos rastreros.

Lo que observamos se queda aquí, ojos bien abiertos se llenan de colores, desamores, insultos, alegrías, muertes, y todas las demás vainas que nos pasan cada vez que hago el intento, de cerrar para no abrir.


Mis ojos ahogados en lágrimas
Rabia caliente de glóbulos rojos
Cómo aquella olla que quemó mi piel
Rabia de no haber leído
No coronarte reina de mi reino
Dios soy yo, licenciado en mis propias materias
Soberbio y nada humilde para muchos

Carcajada tranquila y luciferita a la vez
Soy yo

Morffes

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